Desde muy joven me interesé por estudiar y aprender cosas nuevas. Sin embargo, a lo largo de mi niñez y juventud, no me preocupé demasiado por tener buenos hábitos, pues nací dentro de una familia típica, estrato medio, que se ocupaba de solucionar sus necesidades básicas, que no tenía mucho tiempo para pensar en la salud, y que esperaba un golpe de suerte para pensar en el éxito y la abundancia.

Mi época de colegio no estuvo llena de muchos momentos de felicidad. De hecho, lo que más recuerdo con claridad son las trasnochadas a las que me sometía por dejar todo para el último día. Lastimosamente, esas rutinas pasaron hacer parte de mi vida por muchos años y comencé a sentir que la oscuridad, el silencio y un poco de café o de energizante (lleno de azúcar) eran perfectos para prepararme para los parciales de la universidad. Un comportamiento generalizado en gran parte de los estudiantes universitarios que se combina con malos hábitos alimenticios y todo tipo de excesos.

Mientras disfrutaba de la libertad de la vida universitaria, llegaron las fiestas con alcohol y mucho trasnocho los fines de semana, que obviamente no alcanzaba a recuperar durante la semana, pues además de las largas jornadas de estudio, trabaja como conductora del metro. Gracias a este círculo vicioso, comencé a creer que era muy buena para trasnochar. Tiempo después llegó el día de mi graduación y, por supuesto, el trasnocho fue parte de aquella celebración. Sabía que pronto estaba por llegar algo fascinante para mí, trabajar en una unidad de cuidados intensivos. Además, sentía que había nacido para un trabajo así, ya que solía trasnochar desde pequeña, entonces los turnos en la noche no serían un problema.

Inicié mis labores con gran entusiasmo, pero con los turnos de noche llegaron muchos cambios en mi vida. Tuve que implementar nuevas rutinas para dormir durante el día, lo que se me convirtió en todo un desafío. A pesar de estar muy cansada, al llegar a casa para descansar, siempre se me interponían diferentes factores: el calor, el ruido, la luz o los pensamientos incesantes. Pese a que intentaba descansar contracorriente en esas condiciones, era casi imposible conciliar algunos minutos de sueño profundo. Al llegar la noche tenía que salir para mi turno, sin haber dormido absolutamente nada. Ahora pienso en ello, y me resulta increíble que hoy en día la mayoría de los profesionales en terapia respiratoria no sepan cómo aprovechar la herramienta de la respiración para dormir mejor.

Finalmente, el balance de esas escasas horas de sueño profundo y reparador a lo largo del tiempo, se tradujeron en dolores de cabeza inmanejables y la exacerbación de mis problemas de colón, los cuales me acompañaron desde la niñez (en aquella época de trasnochos escolares). Además, empecé a presentar cuadros severos de sinusitis, dolores musculares, fática extrema, estrés e incluso depresión, todo causa de aquel estilo de vida que nunca soñé llevar. Sin embargo, esa experiencia fortaleció mi admiración hacia todo el personal de la salud, pues viví en carne propia los esfuerzos físicos que se deben realizar para trabajar allí; en especial por sacrificar parte de su salud para cuidar la vida de los demás durante la enfermedad.

Un día después de un pesado turno de trabajo en la unidad de cuidados intensivos, elegí ir a la librería en vez de ir a mi cama para descansar. Además era una época en la que bordeaba los límites de la depresión y necesitaba encontrar una respuesta a la siguiente pregunta: ¿Habrá otra manera de cuidar la salud de las personas más allá de trabajar en un hospital? Allí encontré un libro que cambió para siempre el rumbo de mi vida, Respirar la vida (2017) del gran maestro y entrenador en respiración, Dan Brulé. Con la lectura de esas páginas se instauró en mi corazón un gran sueño: enseñarle al mundo que la salud comienza aprendiendo a respirar de manera óptima y con horas de sueño profundo y reparador.

Si te interesa saber más, espera el próximo artículo de este blog donde aprenderás sobre la importancia del sueño profundo y la mejor herramienta que tenemos para conseguirlo, la respiración óptima.

Recursos:

Brulé, Dan (2017). Respirar la vida. Una introducción al trabajo de respiración. España, Urbano, 234pp.

Elaborado por:

Marcela Montoya Rivera

Terapeuta Respiratoria – Entrenadora en respiración y sueño para el alto rendimiento.

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